view¿Quién diseña del dolor de un cuerpo?
El anonimato es, por diseño, una característica de la seguridad nacional. Poco se sabe de quién fue Lyle Kenyon Liljegren. Sabemos que nació en el año 1912 en el Medio Oeste de los Estados Unidos. Sus abuelos paternos fueron Sven Johan Liljegren Johansson y Mathilda Sophie Andersdotter, inmigrantes provenientes de la provincia sueca de Jönköping, que llegaron a trabajar hacia el interior agrícola estadounidense, a principios del siglo veinte. Su padre, Jonas Peter Johansson Liljegren, segunda generación de esta familia de inmigrantes suecos, asentados en Estados Unidos, nació el 12 de octubre de 1888 en el condado de Jackson, Iowa. El 22 de octubre de 1911, su padre Jonas contrajo matrimonio con Alyce Delphine Stolt.
Lyle fue el primogénito de ocho hermanos, y creció en un entorno socioeconómico de clase trabajadora, inmerso en la revolución industrial y agrícola estadounidense. Sus años de juventud coincidieron con una expansión sin precedentes de la educación técnica impulsada por las necesidades de la inminente movilización bélica, lo que lo llevó a estudiar ingeniería mecánica, y ser posteriormente contratado por el Ejército de los Estados Unidos. Allí prestó servicios durante más de tres décadas, como experto en ingeniería de municiones y balística. Vivió hasta los 90 años y, siendo el mayor, sobrevivió a todos sus hermanos.
El 20 de julio el Pasadena Star News le dedicó un obituario: “Lyle Kenyon Liljegren, falleció el 27 de junio de 2003. Durante 31 años de carrera de servicio civil, fue un destacado asesor del Grupo de Investigación de Misiles dirigido por Werner von Braun, desempeñándose como director de ingeniería para varios programas de adquisición de misiles. Fue condecorado con la medalla al mérito por el presidente George W. Bush, por su invaluable contribución a la defensa de los Estados Unidos de Norteamérica. Después de retirarse, diseñó y patentó la Turbina de Viento Liljegren. Su esposa Virginia, falleció en 1993, a la edad de 57 años. Le sobreviven sus cuatro hijos, ocho nietos, y cuatro bisnietos”.
Como se sabe, los desiertos de Pasadena en California, son un laboratorio ideal para las pruebas de explosivos y misiles de alta potencia. Son lugares prácticamente despoblados y casi vacíos donde nada sobrevive. Poco más se sabe, sobre quién fuera alguna vez este muchacho de ojos azules, descendiente de inmigrantes suecos de la fría aldea de Jönköpin,que trabajaron la tierra cos sus manos. El anonimato es, por diseño, una característica de la seguridad nacional
El 25 de noviembre el Lebanon Daily de Pensilvania publicó un artículo periodístico destacando las patentes registradas en 1949 —un estirador de mangas de camisa, un novedosos sistema de soporte industrial de bolsas, un lindo modelo mecedor de caballos de juguete— y una espoleta de detonación, patentada por Lyle K. Liljegren, con derechos asignados a la Secretaría de Guerra. El tono coloquial del artículo periodístico buscaba destacar el amplio abanico de la innovación nacional, abarcando invenciones domésticas, industriales y militares; estas últimas, en general, poco conocidas en el ámbito civil. Ya lo dijimos: el secreto es, por diseño, una característica de la seguridad nacional
En el formulario legal, Lyle K. Liljegren, argumentó, como lo exige la ley, que la innovación fundamental de esta patente —con respecto a patentes similares— era permitir la producción a escala industrial de una mina explosiva que pueda fabricarse, prácticamente en su totalidad, mediante el uso de materiales no metálicos, volviéndolas indetectables, de acuerdo a ventajas deseadas para el armamento militar de este tipo.
El polaco Józef Kosacki había inventado pocos años antes, en 1941, un detector electromagnético de minas terrestres, que permitía localizar y retirar rápidamente estos artefactos explosivos en acciones de contra-minado táctico, el cual fue un invento clave durante el desarrollo de la segunda guerra mundial.
Para contrarrestar esta vulnerabilidad tecnológica, la industria bélica experimentó con diferentes materiales: Por ejemplo, la Glasmine 43 —hecha de vidrio— o la Schumine 42 —de madera— ambas de fabricación alemana. Sin embargo, estos desarrollos experimentales tenían defectos críticos: el vidrio era peligroso para los propios soldados que lo manipulaban y tendía a romperse por la presión natural de la tierra; la madera era altamente susceptible a la putrefacción por la humedad, lo que arruinaba la carga explosiva tras unos pocos meses de entierro.
La patente de Lyle K. Liljegren integró en un modelo eficiente los recientes avances en la ciencia de los polímeros sintéticos y los plásticos, impulsados por la escasez de metales durante la guerra. El plástico era un material lo suficientemente resistente para sobrevivir al entierro a largo plazo en suelos húmedos o congelados sin degradación, y lo suficientemente baratos para la producción a escala masiva por parte del complejo industrial norteamericano, al servicio de su afán bélico.
En el verano de 1950 estalló abruptamente la guerra en la Península de Corea, y los norteamericanos eran superados ampliamente en número por los ejércitos norcoreano y chino. El paisaje montañoso de la frontera y la amenaza real de ser tomados por sorpresa por verdaderas olas humanas, proveyeron el escenario ideal para el uso en condiciones reales de prototipos de pre-producción de la mina plástica recientemente patentada. El teatro de operaciones coreano fue la primera vez en la historia que se utilizó esta importante innovación armamentística, que luego se volvería un estándar en la fabricación de minas terrestres. Después del fin de la guerra en 1953, norte y sur quedaron separados por una gigantesca infraestructura militar o Zona Desmilitarizada (DMZ), donde se crearon extensos campos minados de alta densidad. Según datos oficiales, en el año 2000 aún se conservaban reservas cercanas a los 1.2 millones de minas antipersonales M14 en Surcorea, utilizadas para su reposición en zonas consideradas críticas por el Ejército de los Estados Unidos, para quienes Corea del Norte representa una amenaza permanente.
La M14 no fue diseñada para causar la muerte de sus víctimas. El uso deliberado de una carga extremadamente pequeña de 29 gramos de explosivo, estaba destinada a incapacitar a los soldados enemigos mediante la mutilación de las extremidades inferiores, pie y tobillo. Por ello fue apodada como “toe-popper” o “revienta-dedos”. En el campo de batalla, los compañeros del soldado muerto pueden simplemente ignorar el cadáver y continuar el avance ofensivo. Sin embargo, un soldado mutilado de una extremidad inferior genera una crisis logística y desmoraliza al enemigo. Los gritos del herido siembran el terror sobre una amenaza que se esconde bajo los pies del resto de los soldados. Evacuar al incapacitado requiere que al menos dos soldados sanos actúen como camilleros. El soldado herido consume insumos médicos, drenando los recursos logísticos del adversario. Todo esto a un costo extremadamente económico de producción, que, en aquella época, promediaba de 3 a 5 dólares por unidad.
La M14 comenzó a producirse en masa en el año 1955, y fue exportada por los Estados Unidos a más de 38 países, incluyendo a Chile.