Tierras mutiladas

En un registro de video documental de la FACh de los años 80, se ven aviones de combate arrojando bombas de racimo sobre el desierto. En “El nombre del mundo es bosque” (1972) de Ursula K. Leguin se habla de las Tierras Mutiladas como bosques convertidos en tierra yerma, debido a la explotación indiscriminada de madera por parte de colonos humanos sobre vastos territorios de la Nueva Tahití. En la tierra ya no quedan bosques para producir madera, y este planeta es casi completamente un denso bosque de seis continentes. Los habitantes de este planeta que no conocía la guerra, cuyo nombre original para los nativos es Athshe, después de vencer a los colonos humanos mediante sus propios medios, los exilian a estas Tierras Mutiladas, lugares completamente arrasados por la actividad forestal. Esta novela de ciencia ficción, me hizo preguntarme por cómo se encuentran conectadas la mutilación de cuerpos humanos y no humanos a causa de artefactos militares explosivos abandonados. En Estados Unidos, se sigue el mismo patrón: los desiertos de Pasadena en California, han sido utilizados como el laboratorio ideal para las pruebas de explosivos y misiles de alta potencia, bajo la creencia de que son lugares vacíos donde no hay vida. Sin embargo, El desierto de Atacama es una ecosistema donde hay vida: microorganismos extremófilos, flora adaptada, insectos, lagartos, aves, zorros. Este desierto ha sido del mismo modo mutilado, arrasado, abrasado con explosiones.